domingo, 14 de junio de 2015

ENCUENTRA TU ESTILO DE YOGA

"Cada paso que da un buscador, sea cual sea la dirección, es un paso hacia Dios" Anónimo



Dentro del extenso árbol del Yoga, en el que podemos encontrar diferentes subdivisiones basadas en distintos enfoques y prácticas, como el Jnana Yoga, Raja Yoga, Laya Yoga, Karma Yoga o Nidra Yoga, entre otros, se encuentra el llamado Hatha Yoga, que corresponde a la forma más conocida en occidente, tanto por su innegable tinte “físico” y “tangible” como por su practicidad. El vocablo Hatha está formado por Ha, que significa sol y Tha, que significa luna, ambos en sánscrito, la lengua clásica de La India que rige el Yoga por excelencia. (Aquí puedes leer sobre las distintas e infinitas posibilidades del Yoga).

Vamos a revisar los estilos de Hatha que Yoga que posiblemente encontrarás disponibles en tu localidad. Aunque no mencionaré aspectos de su fundación, historia o precursores, leyendo puedes hacerte una idea bastante clara sobre lo que ofrecen y elegir así el que más te convenga o se adapte a tus necesidades. Recuerda que hay muchos profesores o centros, excelentes por demás, que manejan más de un estilo y mezclan elementos de varias enseñanzas y esto es totalmente válido. No menciono aquí todas las escuelas, sólo las más conocidas y aquellas que tienen que ver conmigo o son conocidas para mi. Procura tener una conexión especial con el centro, estilo o profesor que elijas.
  • Anusara Yoga: Es especialmente conocido en América y se traduce en una práctica bastante integral y completa que engloba el Yoga en todas sus dimensiones, tanto física, energética, mental, como espiritual. Anusara significa: fluir con la gracia. Proviene del Iyengar y del Ashtanga y se fundamenta en varios principios filósoficos del Tantra Yoga. Una clase engloba aspectos tan técnicos como la alineación del cuerpo, basándose en la aplicación de las “espirales de energía” o la rotación interna o externa, y otros menos físicos como la meditación o el canto. Las clases, diseñadas sistemáticamente por el profesor quien elige el grupo de posturas a trabajar, son progresivas y decantan en la posición “cumbre” o de mayor dificultad, para terminar con una larga relajación. Por otra parte, el trabajo físico siempre va acompañado por un enfoque temático e inspiracional que recrea nuestra práctica y nos ayuda a realizar un trabajo psicológico a la par del físico, de manera que la clase se convierte en un momento de trabajo con el Ser, en un espacio terapéutico.
  • Iyengar Yoga: Este tipo de Yoga mantiene una visión sumamente precisa de las posturas y presta especial atención a los detalles físicos de la práctica y a la mecanicidad del cuerpo, convirtiéndose en una modálidad idónea para principiantes o para las personas que quieren mejorar la alineación de sus cuerpos o tienen problemas de salud muy específicos. El avance en la práctica se produce de manera lenta y por estados y se suelen mantener las posturas por más tiempo. El uso de los Props o del material para yoga (bloques, correas, cojines, sillas especiales, y mantas) es especialmente importante en el Yoga Iyengar, ayudándonos a practicar de manera segura y responsable, cualquiera que sea nuestro nivel. Aún cuando algunos profesores utilicen ciertos mantras para iniciar la clase, las meditaciones, una larga relajación final o la mención de otros aspectos más intangibles del Yoga no son comunes en este estilo, que se enfoca más en la técnica física que en otra cosa.
  • Ashtanga Vinyasa Yoga: Este estilo de hatha Yoga es quizás el más vigoroso y dinámico. Si quieres trabajar de manera aeróbica y buscas la flexibilidad, fortalecimiento y tonificación de tu cuerpo, un incremento de energía y el despeje de tu mente, éste es quizás el Yoga para ti. El sistema, en dónde confluyen respiración y movimiento, hasta alcanzar el calentamiento corporal, utiliza la técnica de la respiración Ujayi o respiración victoriosa y también algunas retenciones o Bandas para enfocar la mente meditativamente durante la práctica. Se puede llegar a practicar con bastante intensidad y cierto nivel de dificultad, con lo cual, no es muy recomendado para principiantes, especialmente si se trata de personas poco acostumbradas a la actividad física o con problemas en las rodillas. Al incrementarse nuestra flexibilidad a través del calentamiento físico debemos tener especial cuidado con abusar de esta al ejecutar ciertos estiramientos.
  • Satyananda Yoga:  La escuela Satyananda posee una perspectiva bastante holística y espiritual. Su práctica apunta al desarrollo de nuestra consciencia y al despertar y evolución del ser interior. Las clases incluyen Asanas (posturas) incluyendo el movimiento fluido entre ellas para activar la movilización de la energía, Pranayamas (ejercicios respiratorios), una relajación profunda y meditaciones basadas en los Raja, Kundalini, Jnana y kriya  yogas. Dado que todas las bases están cubiertas, cualquiera, independientemente de su inclinación, puede adaptarse a este estilo, tanto los más dados a la parte espiritual y filosófica del yoga, como los que se sienten atraídos por el ámbito intelectual o físico.
  • Kundalini Yoga:  Esta escuela de Yoga se enfoca en su dimensión espiritual y energética. Kundalini es el nombre dado a la energía que se encuentra “enroscada” en la base de la columna vertebral, la cual busca ser despertada y activada, para, así, alcanzar la realización. Las clases pueden variar notablemente de una a otra y si se tiene un objetivo específico el profesor diseñará un programa personalizado que debe ser seguido individualmente, en casa, durante 40, 90 días o más tiempo. Los Kriyas o series estarán supeditados a lo que se quiera trabajar y a las necesidades de los practicantes, convirtiéndolo en un estilo bastante plural que incluye todo tipo de técnicas, como cantos, mantras, asanas, bandhas, y pranayama o ejercicios respiratorios. Funcionará para todos aquellos que estén interesados en la meditación y quieran experimentar estados elevados de consciencia.
  • Sivananda Yoga: Este estilo es ideal para aquellos que disfrutan de la mezcla entre prácticas tanto físicas como devocionales. Sus clases incluyen cantos cortos y ejercicios respiratorios, y a partir de allí, las asanas son ejecutadas. Una de sus características más importantes es que en cada clase se repite el mismo ciclo de 12 posturas, diseñado para estimular los chakras o centros de energía en un orden específico, desde el chakra base, hasta el coronario. Al final, se hace una relajación profunda. Es recomendable para principiantes ya que, al repetir el mismo ciclo de posturas reiteradamente, se llega a una profunda comprensión de éstas. Por el contrario no es recomendable para personas que disfruten de la variedad y que deseen experimentar con el múltiple abanico de posiciones físicas que ofrece el Hatha Yoga. Sivananda le da menos importancia a la alineación del cuerpo para enfocarse más en la respiración y en el canto devocional o la ejecución de ciertos mantras.
  • Bikram Yoga: También conocido como “Hot Yoga” o “Sauna Yoga” es una serie estándar de 2 ejercicios respiratorios combinados con 24 posturas seguidas de la relajación final, que se practican adentro de un lugar o salón acondicionado con una temperatura de 36 a 42 grados centígrados, lo cual produce una consecuente sudoración, eliminación de toxinas y el estiramiento profundo de la musculatura. La práctica a altas temperaturas en un lugar cerrado se convierte en un placer para muchos quienes encuentran a este estilo un verdadero desafío y prefieren una práctica vigorosa, activa y desafiante. Se le da cierta importancia a la alineación del cuerpo y se dan indicaciones verbales al respecto. Los únicos materiales a usar son la pared y se practica en ropas ligeras o en traje de baño, dada las grandes cantidades de sudor. El programa de posturas no incluye inversiones.     
Si ya has elegido, sigue estas 10 recomendaciones para tu primera clase de Yoga.

Suerte y disfruta de tu práctica!
                                                                       

domingo, 10 de mayo de 2015

¿TE GUSTAS? DESPEJANDO NUESTRA AUTOESTIMA.

"Dejo de resistirme a lo que rechazo de mi. También soy eso" Chandica


¿Te gustas o te juzgas? ¿Tendrías una cita contigo mismo? ¿Comprarías tu propio libro y lo leerías? ¿Si eres artista, disfrutas de tu propio arte y pagarías una entrada por ir a verte? ¿Si eres un creador, consumirías tu propio producto-creación? ¿Juzgas lo que haces, no lo disfrutas, mientras esperas que otros lo aprecien y lo disfruten? ¿Te atreves a mirarte al espejo sin juzgarte?

La auto-aceptación es un aspecto clave de la tan nombrada Autoestima, cuyo árbol es bastante frondoso y se compone de distintas ramas. Cuando hablamos de aceptación nos estamos refiriendo tanto a la aceptación total personal, como a la aprobación plena sobre lo que es y ha sido nuestra vida, lo cual no se trata de algo especialmente fácil, ya lo sabemos. 

Nuestro nivel de Autoestima, la valoración que nos damos a nosotros mismos, depende de cuan sugestionados estemos y de cuan inconscientes seamos sobre nuestros programas o "introyectos" mentales. También depende de nuestros primeros años de vida en donde se nos sembraron múltiples creencias, de cuanto hayamos trabajado sobre nosotros mismos y de cuan dispuestos estemos a revelarnos en contra de ciertos órdenes externos. Sea cual sea nuestra situación, la Autoestima es reversible y siempre podemos elegir trabajarla, recomponerla y hacernos cargo de ella de manera consciente y adulta.

Pero, volvamos a la auto aceptación. Aceptarnos es rendirnos a “lo que hay” y a “lo que ha habido”, es dejar de pelear mentalmente en contra de hechos que sencillamente ya nos se pueden cambiar; es dejar de luchar con nuestra sombra e integrarla para a partir de allí, engendrar algo nuevo, un “yo” nuevo, una visión personal nueva. Es imposible construir sobre algo que se rechaza o se odia. Negarnos en algún área significa tener una relación de rivalidad con nosotros mismos y con el fluir natural de la existencia, lo cual traerá, a la larga, una tensión constante y un profundo sentido de insatisfacción. 

En un mundo plagado de cánones de belleza extremos y ajenos es muy fácil caer, muchas veces hasta inconscientemente, en el hábito de auto flagelarnos cuando ciertamente vemos que nuestras formas no encajan en los modelos preestablecidos. Pero, si somos capaces de superar ese letargo social y cultural y sobreponernos, hasta con un poco de rebeldía, revelándonos en contra del “chip” que se nos ha impuesto, recordando que se trata sólo de una imposición externa, desarrollando total independencia para ejercer nuestra auto aceptación, entonces podemos decir que hemos conquistado ese parte de la Autoestima, una Autoestima que no dependerá de nada externo, y que por lo tanto, nos hace totalmente libres ya que se sostiene únicamente y exclusivamente en nuestra propia decisión de valorarnos y en nuestro barómetro personal. Al final, se trata de tomar una decisión. Se trata de decidir amarnos y aceptarnos por encima de todo. Al final, la Autoestima tiene más que ver con ser compasivos hacia nosotros que con ser perfectos. Nadie lo es y ninguna vida lo es. Nadie sale ileso de la vida.

Por otra parte, buscar aceptación y aprobación afuera, cuando nosotros mismos no nos apreciamos y aprobamos es como intentar llenar una jarra hueca;  es convertirnos en eternos títeres manejables y manipulables, presos del mundo que nos rodea. No hay nada más desequilibrante que recibir halagos y elogios del mundo exterior cuando la opinión que tenemos sobre nosotros mismos es totalmente opuesta. Por el contrario, al tener una buena Autoestima sentimos tenerlo "todo", o al menos, tenemos la confianza mínima necesaria en nosotros y en la vida para ir en esa dirección. 

A este punto, te preguntarás cual será tu nivel de auto aceptación y cómo poder incrementarlo. En una cultura en donde se nos enseña a tener una vida externa muy intensa, pero poca vida interior, es probable que nuestro nivel de Autoestima se esconda de nosotros mismos y pase desapercibido. 

En este blog estaré tocando el tema constantemente pero de momento pongo a tu disposición las siguientes preguntas, que pueden ser respondidas de manera reflexiva, tomándote el tiempo para meditarlas y responderlas, si así lo deseas, de manera oral o escrita, trayendo a la superficie tus propios monólogos internos y poniendo luz sobre tu capacidad de auto aceptarte: 

- ¿Te sientes cómodo mirándote al espejo y aceptas lo que ves? 
- ¿Te rechazas constantemente a ti mismo en una o en varias áreas? En cuáles áreas? Puedes ser más específico? Recuerda que mientras más específico seas más consciencia tendrás sobre este hecho, y mientras más consciencia tienes más posibilidades de mejorarlo.
- ¿Cuando estás sólo contigo mismo, sin influencias externas, te gustas?
- ¿Cuando te contemplas de manera general como ser humano, a nivel más global, te aceptas?
- ¿Dudas en exceso?
- ¿Cuando miras hacia atrás y revisas lo que ha sido tu vida, la honras y aceptas o la rechazas?
- ¿Te sientes en paz con hechos dolorosos de tu vida?
- ¿Con respecto a hechos dolorosos del pasado, crees que fueron errados o equivocados o te sientes cómodo con la idea de que ocurrieron por alguna razón trascendental? 
- ¿Cuando te equivocas, tiendes a castigarte o a ser compasivo contigo mismo? 
- ¿Rechazas y cuestionas tus formas, decisiones o actos? 
¿Te sientes en guerra y en lucha con la vida y contigo mismo? 
- ¿Eres capaz de perdonarte y de ser auto compasivo con tus propios comportamientos pasados?

- ¿En general, te amas y aprecias, o te odias y rechazas?

Trabajar en nuestra autoestima es la inversión más poderosa que podemos hacer; es como encontrar un tesoro que quizás había estado perdido durante toda nuestras vidas. Te invito a ponerla sobre la mesa y a ordenar sus piezas, poco a poco, con amor y devoción.  

Para cerrar mi idea, les dejo con el vídeo de "Try". de Colbie Caillat una canción que ilustra muy bien el contenido de este post. Un abrazo y hasta la próxima :-)









domingo, 12 de abril de 2015

10 RECOMENDACIONES PARA TU PRIMERA CLASE DE YOGA

"Quién ha desplazado la montaña comenzó por quitar piedras pequeñas" Proverbio chino



 En un post anterior hablé sobre las infinitas posibilidades del Yoga (Puedes verlo aquí) y de cómo es posible cultivar distintos aspectos de nosotros mismos con su práctica. Es posible que al hacer tu búsqueda hayas verificado que en tu localidad la mayoría de los centros y profesores se rijan por alguna escuela de la rama del Hatha Yoga (Iyengar, Ashtanga, Sivananda, Kundalini o Anusara por ejemplo). Cualquier clase regular de Hatha Yoga se compondrá de la práctica de Asanas o posturas, énfasis en la respiración, relajación final y quizás algún canto, mantra o meditación guiada. Una vez que hayas decidido qué estilo quieres practicar y a donde ir, toma en cuenta las siguientes recomendaciones: 

1- Viste ropa cómoda. Descálzate o usa calcetines anti resbalantes al menos durante la primera parte de la clase hasta que llegues a las posturas sentado o acostado. También es recomendable traer alguna manta, chaqueta o calcetines para abrigarte durante la relajación final o Savasana, momento en el cual baja la temperatura corporal.

2- Sé puntual y procura estar al menos 5 minutos antes del comienzo de la clase, de manera que te de tiempo de cambiarte, colocar la esterilla y los instrumentos de Yoga, ir al baño, colocar tus cosas, apagar tu teléfono y, en general, estar presente al comienzo de la misma. Tu puntualidad ayudará a crear una atmósfera de respeto entre tú, el profesor y los demás practicantes.

3- Es recomendable practicar con el estómago vacío. Después de una comida fuerte espera alrededor de 3 o 4 horas antes de iniciar la práctica. Después de una merienda o algo ligero (una galleta, una fruta o un yogurt) espera al menos 30 minutos. Con respecto a la hidratación, es mejor beber antes o después de la práctica y no durante. Masticar chicle está totalmente contraindicado.

4- Durante toda la práctica respira por la nariz, esto filtrará y calentará el aire antes de que llegue a los pulmones. Cualquier otro cambio en la manera de respirar, como inspirar o expirar por la boca en un momento dado formará parte de algún ejercicio de Pranayama (respiración controlada) y éste deberá ser explicado y señalado debidamente por el profesor.

5- Es de vital importancia que informes al profesor sobre cualquier condición física especial. Estar embarazada, sufrir de presión arterial alta, tener problemas en las rodillas u otras articulaciones, padecer de hernias discales u otra condición en la columna vertebral, haber sido operado recientemente, fibromialgia, etc… son razones de peso para acercarte al profesor al comienzo de la clase y comunicárselo. Éste debe aconsejarte y sugerirte posturas alternativas en el caso de que el programa pautado no sea el más recomendable para ti.

6- Durante la menstruación, las inversiones completas deben ser evitadas y las torsiones y las flexiones hacia atrás deben ser practicadas con cierta cautela. Se recomienda una práctica suave, que incluya flexiones hacia adelante con soporte y posturas restaurativas.

7- Una clase de yoga es un espacio-tiempo de trabajo con tu ser interno, con tu cuerpo, mente y emociones. Es natural que nos invadan múltiples e intensas sensaciones y que nos sintamos en desventaja cuando una postura física nos rete de manera especial, sintiendo la tentación de abandonar la clase. Sin embargo, recuerda que la misma se empieza a tornar más suave a medida que se acerca la relajación final, por lo tanto quédate hasta el final! Si te sales antes, no vas a saber de qué se trata realmente y te vas a perder de lo que para muchos es la mejor parte. Es muy frecuente en la primera clase tener la sensación de "no entender nada" y por ello suelo recomendar a los principiantes que prueben al menos 3 veces. 

8- Por una parte sé auto-exigente, de manera que salgas de tu zona de confort y vayas un poco más lejos de tus límites habituales en cada clase, pero por otra sé siempre muy respetuoso con tu cuerpo y con tu práctica y si sientes especial dolor, en las articulaciones o en algún otro lugar, más allá del dolor “natural” que ocurre cuando trabajamos el cuerpo, no dudes en detenerte y avisarle al profesor.

9- No te juzgues o juzgues tu práctica por cuánto puedes estirar tu cuerpo o cuán lejos puedes llegar, o por cuánto puedes mantener un postura. El objetivo es llevarlo a lugares donde nunca llega y hacerle ejecutar posiciones que no hace regularmente, pero a partir de esto el nivel es siempre personal. Cada una de las posturas de Yoga puede ser practicada a distintos niveles, desde el más básico hasta el más avanzado y tu puedes elegir el que se adapte mejor a ti, con honestidad y responsabilidad. Tampoco intentes una postura avanzada en casa sin la supervisión de un profesor y sin estar seguro de su correcta alineación, ejecución, etc…

10- No te compares con la persona que está a tu lado o con el profesor. El Yoga no es una competición. Por el contrario, es un camino sumamente íntimo y la competencia es sólo con nosotros mismos, con nuestras propias limitaciones. La compasión, y, en especial, la compasión hacia nosotros mismos es un aspecto fundamental a desarrollar en nuestra práctica.

¡Disfruta de tu clase y del Yoga! Deja que te cuente sus secretos. 
                 

domingo, 15 de marzo de 2015

MINDFULNESS: GIMNASIA PARA LA MENTE

"Allí donde está tu mente, allí estás tú" Conny Mendez

¿Puedo tener tu atención por unos minutos? Tu atención completa, como si nada más existiera en este momento, sin que abras el Facebook, el correo electrónico o el Twitter? Sé que es mucho pedir, pero sería interesante que a parte de informarte, también puedas aprovechar el momento para ejercitar tu concentración y aumentar tu nivel de consciencia sobre el momento presente. ¿Probamos?

El Mindfulness, traducido al español como completitud mental, es una práctica que ha irrumpido con mucha fuerza en Occidente desde hace 20 años, en el mundo terapéutico, educacional y hasta empresarial.  En realidad, es el nuevo nombre que se le ha dado a la meditación budista Vipassana, la cual existe desde hace 2500 años aproximadamente y significa “tomar consciencia del momento presente”. 

Como su mismo nombre lo indica, se trata del ejercicio continuado de observar al 100 por ciento y con toda nuestra capacidad de atención el momento presente o un objeto elegido, el cual puede estar en nuestro ámbito interno: pensamientos, emociones, sensaciones físicas o la respiración, como en el ámbito externo: la llama de una vela, una figura geométrica, una película  o, este artículo, por ejemplo.

 Sin distraernos mentalmente viajando al pasado o al futuro, (o hacia otro ente al que, en principio, no deseamos prestar atención), el Mindfulness consiste en enfocarnos, en el aquí y ahora, plenamente, y a partir de allí, sea lo que sea que nuestra consciencia registre al observar, se cultiva también el hábito de no juzgar y de aceptar completamente el objeto observado.

Está claro que en la actualidad, definida como “La era digital”, vivimos tentados constantemente a la distracción y al paso rápido de una actividad a otra sin profundizar en ninguna, dificultando el foco y dispersándonos, lo cual, a la larga, consume tiempo y nos resta eficiencia. Nuestras mentes parecen volar de un objeto a otro, de una imagen a otra, de un pensamiento automático a otro, incesantemente. Nos hemos acostumbrados al llamado “Síndrome de Atención Dispersa” y esto, a largo plazo,  puede traer innumerables efectos negativos que se traducen en estrés, ansiedad, sensación de insatisfacción, falta de productividad, memoria a corto plazo, incapacidad para concentrarnos y, a niveles más profundos, en la sensación de desconexión con nuestro yo interno y falta de consciencia sobre nosotros mismos y sobre nuestras propias vidas. (¿Todavía estás allí? Muy bien. ¡Continuemos!).


 Aunque el planteamiento anterior nos resulte algo difícil, la buena noticia es que todos podemos aprender a desarrollar el Mindfulness. Daniel Godman, autor del libro Focus, nos dice: “La atención es un músculo que se debe entrenar”. Sentir el cuerpo y su peso sobre la tierra y, en general, prestar total atención al mismo durante un tiempo estipulado, puede incrementar los niveles de concentración. Practicar el silencio o experimentar acciones de la vida cotidiana como andar, comer o ducharnos con lentitud y tomando consciencia sobre cada sensación física, también puede ayudarnos a focalizar nuestras mentes y a “estar presentes en el momento presente”. Los resultados, lógicamente, serán progresivos y variarán según la intensidad y frecuencia de nuestra práctica, aunque lo ideal es que la Atención Plena se incorpore como un hábito en nuestras vidas, o mejor aún, que se convierta en una forma de vida y en un fin en sí mismo.

El Mindfulness nos preparará para expandir los límites de nuestra concentración, resistir a las distracciones y gestionar más eficazmente nuestra mente, aparte de asegurarnos mucho más disfrute de nuestras actividades cotidianas.  

Si tomamos en cuenta la premisa de que nuestra mente crea nuestra realidad o, al menos, influye considerablemente en ella, merece bien la pena tomarse un tiempo para su entrenamiento y para desarrollar técnicas que nos ayuden a controlarla mejor y no, por el contrario, a ser sometidos por ella, como ocurre usualmente y sin apenas darnos cuenta. No es lo mismo enfocar la mente sobre un objeto durante 3 segundos, que durante 13, 30 o un minuto. La duración de la concentración hace la gran diferencia.

Al final, se trata de hacernos seres más conscientes de nosotros mismos y de nuestras vidas. Cultivar el hábito de la auto-observación perenne y sin juicio nos llevará a tomar consciencia de nuestras reacciones y programaciones mentales y, a un nivel más profundo, al descubrimiento de lo que somos esencialmente, para, a partir de allí, responsabilizarnos y cambiar o simplemente aceptar. Aquel que despierta, se auto-conoce y "se da cuenta” tiene más opciones que el que vive “dormido”.

Otros de los beneficios del desarrollo de la Atención Plena:
- Es una desafiante invitación a vivir plenamente en el presente, momento en el que 
existen todas las posibilidades, en donde me puedo reinventar completamente y en donde todo puede volver a empezar. Esto nos llevará a permanecer en un estado de frescura y renovación constante.
- Sienta las bases para la suspensión del juicio permanente y del hábito de etiquetar implacablemente todo lo que nos rodea.
- Nos infunda paz y calma y nos invita a gestionar mejor nuestras expectativas sobre la vida en sí misma y sobre cómo y cuando deberían de suceder los hechos.
- Nos ayuda a desarrollar aceptación plena sobre lo que hay, invitándonos a generar acciones de cambio desde esa aceptación e inclusión y no desde el rechazo.

Hemos llegado al final. ¡Felicitaciones! lo has logrado. Y yo también logré "derramar" todas estas palabras y concentrarme durante más de una hora sin sucumbir a abrir mi correo electrónico, el Facebook o el Whatsapp, así que puedo sentirme bastante complacida. Nos vemos en el próximo post. De momento voy a concentrarme en otra cosa :)






domingo, 15 de febrero de 2015

LAS POSIBILIDADES DEL YOGA

"Por qué te quedas en la cárcel cuando la puerta está abierta de par en par?" Rumi

Cuando escuchamos la palabra Yoga nos llegan distintas imágenes de posibles posturas físicas (algunas realmente extremas), ejercicios respiratorios, relajación y meditación, calma mental, gurús sentados durante horas en postura de loto, mantras en sánscrito y otras cosas. Es probable que estas imágenes se hayan archivado en nuestra memoria, generando una definición algo confusa. 


¿Es el Yoga una técnica relajante, un camino espiritual o un deporte extremo? ¿Se trata de un método para aprender a enfocar la mente y la concentración o, más bien, se trata simplementede técnicas respiratorias que incrementan nuestros niveles de energía? ¿Para poder practicarlo tenemos que hacer votos de renuncia y sacrificio o basta con ser un poco disciplinados? ¿Es el Yoga un sistema filosófico y una forma de vida o se trata simplemente de una actividad de moda o de un hobby? ¿Tiene que ver con la entonación de mantras o es más bien la adoración a un Dios o a alguna entidad divina?

Da la impresión de que Yoga es todo lo anterior…Y ciertamente, lo es. 

Una vez oí decir a alguien: “El Yoga es como el mar. Puedes tomar sólo un vaso de él, puedes tomar un recipiente más grande, o puedes desnudarte y zambullirte completamente, nadar hacia adentro y perderte en sus fondos”.

Y la verdad es que la disciplina del Yoga engloba y abarca todas las dimensiones del ser humano: la física, la mental, la emocional, la energética y la espiritual. Y sus efectos llegan a cada una de esas instancias de manera infalible, lo cual le convierte en uno de los métodos más completos e integrales de desarrollo del ser. No es casualidad que su popularidad vaya en aumento a nivel mundial en el último siglo. Tan sólo en Estados Unidos, se calcula que hay 18 millones de practicantes, generando más ingresos y ganancias que las grandes multinacionales como la Coca Cola o la Gillette. El Yoga es algo serio y no debe menospreciarse.



La amplia técnica del Yoga, como muchos saben, proviene de la India y sus orígenes se remontan al siglo XVII A.C., lo cual le hace tener al rededor de 3500 años de vida, más que el propio cristianismo. No deseo entrar en este artículo en su extensa historia, ése es contenido para otro post. Clasificar su larguísima trayectoria ha sido y seguirá siendo todo un reto para investigadores y expertos en el tema porque sencillamente no se trata de algo simple. Pero me gustaría que consideremos por un momento cuánto el Yoga ha podido crecer, modificarse y transformarse a lo largo de su propio recorrido de 35 siglos, hasta llegar a nuestros días, pariendo distintas ramas, escuelas, textos sagrados, preceptos éticos y maestros influyentes. Esto indudablemente lo convierte en un ente cambiante y con múltiples matices, todos válidos y legítimos.

Se puede experimentar de una manera netamente física, enfocándonos simplemente en sus beneficios fisiológicos, estirando o tonificando la musculatura, órganos y cuerpo físico. Otra alternativa es utilizarlo para domar nuestra ámbito mental, abocándonos en la concentración, el entrenamiento de la mente y la retracción de los sentidos. Por otra parte hay quienes deciden, a través del pranayama o ejercicios respiratorios, purificar el cuerpo sutil o energético. Y otros, yendo más profundo, lo experimentan de una manera más espiritual y sagrada, buscando conectar con la parte más elevada del ser, con el amor en sí mismos o manifestando una devoción intensa hacia el creador. Y también, por supuesto, podemos nutrirnos de todas sus sabores al mismo tiempo, trabajando en las diversas áreas de nuestro ser. Por todo esto, la modalidad que se escoja debe estar en función de las expectativas y necesidades del practicante y es éste quien elige hasta dónde llegar con el mismo.

En nuestra cultura occidental (como no podía ser de otra manera), el Hatha Yoga (Ha: sol. Tha: luna), una rama que no se considera fundamentalista y que, efectivamente, nace muchos siglos después, es el que más se conoce y se difunde, dado su carácter práctico y “físico”. Y es que, el cuerpo físico, al ser nuestra parte más obvia y palpable, se convierte en la puerta de entrada perfecta para adentrarnos en el campo de la consciencia. Es totalmente lógico empezar por nuestro recipiente corpóreo ya que si éste se debilita o enferma, la búsqueda de realidades y experiencias superiores se dificulta drásticamente. 

Y es que: ¿Quién puede sentarse a meditar si le duele la cabeza o padece de dolor crónico? Fortalecer, cuidar o sanar el cuerpo físico a través del Yoga es una forma de poner las cosas en orden antes de ir a las capas más profundas de nosotros mismos. Pero recordemos siempre que el Yoga, en su máxima expresión, no es sólo un Asana (postura física), y no tendría que acabar allí. Cuando el Yoga se practica sólo con fines físicos y desde una perspectiva netamente corpórea,  a mi parecer, se vuelve estéril, se desperdicia.

Es una lástima que, pudiendo recorrer el camino evolutivo completo hasta llegar al incremento de nuestro nivel de consciencia, a la conexión con la parte más elevada de nosotros mismos o con nuestra divinidad, al auto-conocimiento, al amor o, en último caso, a la “autorealización” o “Samadhi”, nos quedemos sólo en el primer estadio. Vivenciarlo en todas sus dimensiones, especialmente en la dimensión espiritual, es, a mi parecer, experimentar su parte más dulce y gratificante. Está claro que, al ser seres multidimensionales, el trabajo sobre cuerpo físico automáticamente recae sobre otras partes de nosotros y las beneficia, pero para que el viaje sea más directo y consciente , se debe contar con la intención previa, el anhelo o la aspiración de llegar más lejos en nuestro camino como yoguis. De lo contrario corremos el riesgo de que la ejecución perfecta de un Asana o postura y el incremento de la flexibilidad se conviertan en una excusa que sólo fortalezca nuestros egos, pero no nuestros corazones. 





Tomando en cuenta todo lo anterior, es sumamente importante y recomendable que al momento de decidir probar el Yoga investiguemos sobre sus distintas ramas y escuelas  y definamos, en principio, qué queremos obtener de él, para luego buscar los centros, profesores e instructores en nuestra localidad que pueden ofrecernos el estilo que deseamos practicar y que mejor se amolda a nuestras necesidades. 

Si la palabra Yoga te resuena no dudes en probarlo. Sus beneficios son infinitos. No te arrepentirás.







domingo, 18 de enero de 2015

LA IMPORTANCIA DE SER MADRE

"Siempre hay un momento en la infancia en el que se abre la puerta y se deja entrar al futuro" Deepak Chopra, El Libro de los secretos.



Las madres somos los canales a través de los cuales nuevas almas llegan al mundo. Al concebir y dar a luz a un niño, le damos la oportunidad a un alma de reencarnarse y de venir al plano físico a evolucionar espiritualmente. 

Independientemente de nosotras, de lo que somos y de lo que vamos a dar en el proceso, ese nuevo ser viene con su propia información y vibración kármica, su propio “mapa” o “destino” y con contratos asumidos por su alma antes de decidir volver a este plano. Está claro que las personas nacemos con determinados rasgos, preferencias y tendencias (llamémosle personalidad, carácter o forma de ser). Una especie de huella dactilar interna nos diferencia rotundamente de los que nos rodean, aunque estemos influenciados por el mismo ambiente o hayamos tenido exactamente la misma crianza. De hecho, hay innumerables ejemplos de cómo dos hermanos nacidos el mismo día, criados de la misma manera y por los mismos padres, receptores de la misma educación y estímulos, “traen” rasgos definitivos que les diferencian dramáticamente al uno del otro. Puede afirmarse entonces que un niño viene al mundo, hasta cierto punto, determinado y esto es algo que, de entrada, es bueno recordar, aceptar e integrar. 

Pero, por otra parte, es indudable que al ser la mujer el recipiente/hogar primordial, y generalmente, la primera (y quizás más importante) referencia en su vida, también se convierte en su guía principal. El vínculo madre-hijo es uno de los nexos filiales más potentes que pueden existir y, en este sentido, es importante recordar la gigantesca misión que las mujeres tenemos al respecto, misión que parece estarse olvidando para ser cambiada, casi a nivel general en todo el planeta, por una maternidad  automática e inconsciente, casi deportiva o en innumerables casos, simplemente irresponsable.

La madre es la primera maestra espiritual de un niño, y por ende, es la que debe mostrarle los caminos de la vida y darle cimientos y raíces profundas que lo conviertan en un hombre o mujer de provecho en el futuro. Debe ser una forjadora incansable de valores de ética, honestidad y respeto al prójimo y es responsable, antes que nadie, de la educación integral de su retoño y el fortalecimiento de su autoestima, base fundamental para la vida de cualquier ser humano. Y las madres, definitivamente, somos las acompañantes primordiales de camino en el viaje que esa alma elige hacer en este plano para realizarse, llevar a cabo su misión de vida y aprender las lecciones que ha venido a aprender.

Si las mujeres somos perpetradoras del hilo de la vida tenemos que estar conscientes de nuestro crucial papel en el planeta y en la evolución de la humanidad. Somos, sencillamente, pilares en la construcción de las sociedades futuras y si no asumimos nuestra importancia en la cadena evolutiva estaremos contribuyendo directamente a la no-formación de nuestros niños y, por ende, a la deformación de la sociedad. Aunque la maternidad sea una vivencia  personal, su visión debe ser plural, social y compartida por todas nosotras, quienes debemos estar al servicio de un proyecto integral y colectivo de desarrollo humano que propicie el crecimiento de individuos completos y sanos en todos los ámbitos, lo cual generará, en definitiva, sociedades más sanas. No necesitamos mayor cantidad de personas en el mundo, sino personas de mejor "calidad". No necesitamos ser más, necesitamos ser mejores.

Y entonces, nos ronda la misma pregunta: ¿Para qué traemos un niño al mundo? ¿Le traemos para satisfacer una necesidad personal y casi egoísta? ¿Porque corresponde a un “deber social” y a un paso que todo adulto en algún momento de vida debe dar? ¿Le traemos, como dice la canción No Basta de nuestro Franco de Vita, porque “nos equivocamos en la cuenta” y hemos procreado inesperadamente? ¿Vamos a traer un niño al mundo para luego no responsabilizarnos debidamente de su formación integral (recordando que la formación empieza en casa y no en la escuela), o le vamos a traer, por el contrario, para apoyarle indiscutiblemente en su proceso vital y en su desarrollo? ¿Vamos a traer a un niño para que crezca en el total abandono y posiblemente termine delinquiendo, o estamos dispuestos a contribuir a la crianza de las próximas generaciones de políticos éticos, que tanta falta le hacen al planeta? ¿Vamos a ocuparnos de inyectarle valores o le vamos a dejar esa tarea a los vecinos, la televisión o la escuela?  Es de extrema importancia tomar consciencia sobre las razones que nos llevan a convertirnos en madres.

Sabemos que la vida no es perfecta y que la maternidad no siempre se da en condiciones ideales. También, como decíamos al comienzo, está claro que sólo seremos moldeadoras de un carácter que ya viene con ciertas pautas… pero en la medida de lo posible nos corresponde hacernos cargo y asumir la responsabilidad, el reto y a la vez la hermosa tarea que, conscientes de ello o no, asumimos cuando concebimos un hijo. Se trata de hacer lo mejor que podemos con dicha experiencia.

Asumamos nuestro cometido espiritual de acompañar a nuestros hijos en su paso por el plano físico y de ayudarles a pincelar su alma. Empeñemos no sólo nuestros vientres sino nuestras vidas en el proceso de la maternidad. Nosotras, desde lo individual y cada una aportando su grano de arena, somos moldeadoras de sociedades. Hagámoslo lo mejor posible, por el bien de todos. 

A continuación presento una charla realizada por Enric Corbera, psicólogo, especialista en BioNeuroEmoción y conferencista, que habla de manera más profunda sobre este tema, rescatando también algunos conceptos básicos de terapia sistémica familiar. 

martes, 6 de noviembre de 2012

EVOLUCIONAR

"Entre mis días y mis noches y mis sueños renacidos
Mis preguntas, mis respuestas y deseos no concedidos
Entre la luz y la sombra y los colores que percibo
O cuando siento con mis manos el calor tenue o el frío…
Entre la duda y la certeza, lo bendito y lo maldito
Con risa o con llanto, con música o con ruido…
Entre lo sagrado y lo profano, lo banal y lo divino
La pasión y la lógica, el caos o el equilibrio…
Entre la alegría y la tristeza, el amor y el olvido
O a través de mi ventana al oír las voces de los niños…
Más allá de la tierra y el cielo, y de los mares infinitos
Y a pesar de mis andanzas hacia mi incierto destino
Siempre, pero siempre he creído con todo mi ser
Que los seres humanos estamos aquí para cumplir un único y perfecto propósito…